
Aquella torturada nube parecía tan firme,
ambulando,
desgarrando,
chocando con masas de ángeles.
Cóncava,
valva de nieve y soledad,
de trajín y música constante,
de arena,
de resplandor y fuga,
desierto etiope en un tutti de gemidosy sorpresa.
Tan exacta sobre el laberinto de la pupila,
color perdido de vieja misiva,
terrible silencio de quien ha sacudido el aire
y conoce el vado de los sollozos.
Continuaba,
migradora,
llave del torbellino como una gota purapreñada de su propia existencia.
Autora: Blanca Valera
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